En
estos días, en que los lectores, nos sentimos tan desolados y no encontramos motivos
para seguir leyendo, buscamos en los periódicos, entre sus páginas, algo que
nos haga olvidar, que nos alegre un poco la vida. De pronto en una hoja, escondida
en su reverso, aparece algo que nos hace sonreír. Es una viñeta del maestro.
Una escena, simple pero tremendamente ingeniosa.
Ayer
nos enteramos que el maestro del humor gráfico se jubilaba, que emprendía un
largo viaje. Un viaje a donde van los genios, un lugar donde son
inmortalizados. A partir de ahora, nos preguntaremos, ¿Maestro, quien nos
arrancará esa sonrisa al leer el periódico?, ¿quien pondrá esa pincelada de
humor que nos haga poder enfrentarnos a las desoladoras noticias de cada día?.
De pronto nos suena el móvil, y una voz madura y cariñosa nos dice: “Abrir cada
día el periódico y mirar en “nacional”, siempre lo encontrareis en esa
sección”.
Mingote, fue un ser
entrañable, que siempre estaba al pie del cañón, dibujando la actualidad,
buscando la noticia, para satirizarla. Algo que podía ser triste o preocupante,
tenia la habilidad de tornarlo en gracioso o divertido.
Ayer
por primera vez en 59 años, cuando llegamos a la pagina 4 del ABC, sólo había
un recuadro en blanco bordeado en negro.
La sonrisa dicen que está muy próxima al llanto. Pues bien, ayer muchos,
sonreímos con lagrimas al comprobar que el diario estaba falto de El. Mingote no llenará más con sus trazos y su
ingenio ese recuadro de la página 4, pero si seguirá llenando de humor nuestro
recuerdo. Miembro de la generación del
“27”, supo vadear muchos temporales. Brillando tanto en la dictadura como en la
democracia.
Que
difícil es escribir sobre Mingote. He comenzado a escribir esta columna varias
veces, pensando, que decir, como enfocarla, y siempre, cuando llevaba unas
líneas la tiraba a la papelera. Sería
muy fácil hacer unas cuantas alusiones a ángeles, hablar sobre dónde estará
dibujando ahora, si estará en el cielo o quizás se habrá reencarnado en
uno de esos pájaros que tanto le gustaba
dibujar.
También
sería muy fácil, alagarle como el artista que fue. Un genio, un intelectual y
un maestro de maestros, ese fue Mingote. Además, fue un incansable trabajador, la
fama, y el prestigio, no vinieron solos; llegar hasta donde él llegó, no suele
ser un camino fácil. El jamás se dejaba derrotar por las criticas negativas,
como solía decir “sigo y sigo, hay que seguir siempre“, seguir el camino día a
día es muy duro a veces, pero él, incansable no paró ni un solo día de sus 93
años de caminar hacia delante. En mi humilde opinión, fue el gran merito de
Mingote. Un caminante que si hizo camino y nunca estelas en la mar.
Hoy
lloramos la pérdida del maestro, pero no su muerte, La fatídica “dama” no podrá
matarlo, pues la muerte solo mata a quienes son olvidados. Mingote sigue y
seguirá en todos nosotros. Sigue y seguirá formando parte de ABC. Dios ha
querido que desde ayer, Mingote dibuje
también para el. ¡Hasta luego maestro!.
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