domingo, 25 de marzo de 2012

MIRADAS


A veces, cuando el tiempo acompaña, es un verdadero placer pasear por Madrid. Yo suelo buscar esos momentos tan singulares cámara en mano, recorrer lugares de esta ciudad. Por desgracia, el día a día y el stress no nos dejan saborearlos. Lugares e historias maravillosas que esta ciudad, al igual que otras muchas tiene guardadas en sus entrañas.

Hace unos días, me dispuse a salir de casa para dirigirme a una exposición fotográfica en el barrio de La Latina. La puerta del Sol sería el primer destino de mi paseo. El sol lucía, era por la tarde y una luz dorada nos envolvía. Caminando por la calle Preciados iba observando el bullicio de la gente. Las tiendas hacían su negocio, los escaparates recibían miles de miradas, algunas con el desconsuelo de no poder comprar aquello que anhelaban, mientras que otras de forma compulsiva entraban y salían de las tiendas con un montón de bolsas en sus manos. Miradas que se cruzan pero no se miran.  

Me dirijo hacia un pequeño bar. “Casa Labra” en la calle Tetuán, semiesquina con la calle Preciados. Está como siempre lleno, una larga cola de personas aguardan en la calle esperando sus porciones de bacalao. Me coloco en la cola, pues pasar por aquí y no probar su bacalao es realmente un delito. Tras quince o veinte minutos de espera, llega mi turno, pido mis dos “tajadas” en el mostrador y una caña. Salgo a disfrutarlo en una de las mesas que están en la calle.  ¡Realmente merece la pena este momento!.

Camino hacia la Plaza Mayor, para después bajar por la Cava de San Miguel, la Cava Baja para terminar en La latina. Es pronto, tengo tiempo, así que camino despacio, saboreando mi paseo como si de una rica comida se tratase. Puedo andar sin prisas, deteniéndome ante los escaparates y observando las personas que se cruzan en mi camino. Historias fugaces que no sabemos como empiezan ni como terminan.

En la calle de las Postas, me sorprendió mucho un mimo. Me quedé observándole un buen rato. Estaba disfrazado de ángel, su cuerpo era de color bronce, cual estatua renacentista en posición de escorzo flotando en el aire, sustentado solo por una fina varilla metálica en un extremo. ¡Desafía la gravedad!. Permanecía totalmente inmóvil. Me dieron ganas de acercarme más y tocarle, quería saber si realmente era un mimo o una estatua de bronce. Me quedé un buen rato observando. Le di unas monedas y me lo agradeció con una sonrisa y un movimiento suave y armónico. Permanecí observándole hasta que llegó su momento de descanso. Nos pusimos a charlar unos minutos. Era una mujer veinteañera, de nacionalidad argentina, vino a España huyendo de la malísima situación económica que atravesaba su país, buscando un solo sueño: vivir de su arte.

Tras unos meses en Madrid y después de gastar sus ahorros, harta de no encontrar trabajo,  terminó haciendo de mimo que solamente le daba para mal vivir. Me conto que  había estudiado arte dramático y canto en Buenos Aires. Estaba ahorrando para volver a su país, la situación allí había mejorado y tendría más posibilidades que aquí.  Yo le hice unas fotos, nos despedimos, deseándole mucha suerte. Seguí mi camino pues debía acudir a la exposición de mi amiga.  Mientras caminaba,  iba pensando  en el ángel que acababa de conocer, una muchacha dulce, amable, con una corrección exquisita al hablar. Pasando penurias pero siempre con una sonrisa en su cara y unos ojos azules llenos de dulzura.

Artistas urbanos que nos encontramos a diario, pasan desapercibidos, escondidos en una calle, en el metro o en un semáforo. No piden nada, nos dan su arte y su música. Ellos solo buscan el agradecimiento de un publico fugaz, unas monedas para sobrevivir ese día.  

Estoy convencido que después de leer esta columna, pensarán más en esas personas que trabajan en este gran teatro llamado “ciudad“. Cuando en un semáforo vean unos malabaristas, se crucen con un mimo o quizás con un pobre anciano sentado tocando una y otra vez “la vie en rose” con su viejo acordeón.  No dudarán en darles una moneda,  aunque tan solo sean diez céntimos.

 ¡Ah! y sí tienen la gran suerte de ver un ángel  por favor párense y denle recuerdos de mi parte.

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